Impossible

“I remember years ago,
someone told me I should take
caution when it comes to love…
I did...”

Es difícil sacarte de mi cabeza. Lo he intentado todo… He ahogado mis pensamientos a base de alcohol y de peleas absurdas, sacando de ello sólo nudillos rotos y moratones que pronto me reprochaste con hastío. También probé a perderme entre las sábanas de algunas chicas. Mis manos han buscado su cuerpo sin más resultado que imaginar que era el tuyo el que tocaba, deshaciéndose como la arena entre mis dedos.

Me estoy volviendo loco. Nunca hubiese pensado que esto podría pasarme a mi… y mucho menos contigo.

Durante años he guardado el secreto. He añorado tu amistad y con el tiempo terminé añorando tus brazos. Maldita sea, ¿qué me has hecho?

Alguien le dijo una vez que mientras no se enamorase, podía jugar al peligroso juego de la seducción tanto como quisiera. Nunca se había planteado que podía salir escaldado, mucho menos que podía hacer daño a quién no lo merecía; lo suyo hasta entonces habían sido las relaciones esporádicas, sin ataduras y enteramente físicas. Ninguna de las chicas que había tratado con Ren Jinguji podía decir que lo conocía realmente. Él mostraba lo que quería y eso era meramente una máscara construida de fingida galantería y arrogancia. Tampoco podían decir que las tratase mal sino todo lo contrario… pero todas y cada una de ellas jugaban a lo mismo con la esperanza de poder cambiarle; esperanza ilusoria teñida de lujuria.

Dejó aparcado su deportivo azul en el parking del lujoso edificio en pleno centro de la ciudad. Ya había estado allí más de una vez: en el piso treinta y cinco del magnífico rascacielos. Entró con caminar felino a través del hall, las gafas de sol cubriendo sus ojos y la chaqueta colgada descuidadamente sobre su hombro. Atravesó el vestíbulo hasta el ascensor sin tan siquiera mirar a los lados. Una chica pelirroja entró también, nerviosa por compartir viaje con alguien como él; lo había visto en revistas de moda muchas veces sin imaginarse que se lo cruzaría alguna vez. Él tan solo miró de reojo a través de sus gafas y sonrió de medio lado. La chica comenzó a retorcer sus dedos sin saber si abrir la boca para decir algo o no. Las puertas se abrieron, Ren se giró hacia ella bajando las gafas regalándole un guiño antes de salir.

-Llegas tarde… -exclamó una despampanante morena al abrir la puerta. El ajustado vestido mostraba cada una de sus bien proporcionadas curvas y sin embargo, Ren no estaba impresionado más bien apático.
-¿Desde cuándo has impuesto horarios?... -exclamó encogiéndose de hombros como si aquello no fuese con él. Prácticamente acudía allí por costumbre con la absurda convicción de que se olvidaría de todas las dudas anidadas en su cabeza.

No hubo demora. Ella se lanzó a sus brazos sin reservas, buscando hambrienta los labios que antes había ya sentido sobre su piel. Él correspondió a sus besos y deslizó la cremallera del vestido apartándolo con delicadeza de sus hombros. Antes de darse cuenta la imagen que vino a su cabeza fue la de él. Masato volvía a asaltar sus pensamientos, inclusive cuando era el cuerpo de otra el que acariciaba con maestría. Cuando besó su cuello, besaba el de él… acarició su cabello azul, olió su perfume y fue su imagen la que vio cuando abrió los ojos apartándose para recobrar el aliento tras el ímpetu inicial.
Hiciera lo que hiciera, allí estaba. El maldito destino se empeñaba en burlarse de Ren una y otra vez. La apartó a un lado sin explicaciones como si de veneno mismo se tratase.

-¡¿Pero… qué estás haciendo?!- se sintió herida en su orgullo mientras se envolvía el cuerpo con las finas sábanas de seda.
-Esto es un error… -cogió la chaqueta y no miró atrás. Se lanzó hacia la puerta decidido a regresar a la academia y poner fin a semejante “experimento”. ¿En qué demonios estaba pensando cuando creyó que esa era la mejor forma de comprobar lo que sentía?

El portazo retumbó en la inmensidad del parking y el puñetazo al volante en sus nudillos. Las lágrimas de impotencia aparecieron en escena y lo único que pudo hacer fue cerrar los ojos.

Tras varios minutos ya estaba de vuelta en Saotome. Los pasillos se le hicieron eternos, vacíos aun repletos de gente. No estaba seguro de querer verle, tal vez de querer correr y decirle lo que pasaba por su cabeza o esconderse en el más siniestro y oscuro agujero que encontrase. Le vió saliendo de una de las aulas de ensayo acompañado de Nanami. Sonreían y hablaban con camaradería… Algo se clavó en la boca de su estómago con uñas y dientes, algo que nunca había sentido y que removía los cimientos de todo lo que había creído hasta entonces. Apretó los puños hasta dejar blancos sus nudillos mientras caminaba de regreso a la habitación que compartían.

-¿Ya estás de vuelta?... Pensé que esta noche no dormirías aquí. -La puerta se cerró tras el peliazul que se dirigió a su escritorio partituras en mano-… ¿te han dado calabazas? -su rostro tan inexpresivo como siempre.
-Hum, eso te encantaría Hijirikawa -Ren fingió una risita adusta, tumbado sobre la cama con los brazos cruzados bajo su cabeza. ¿Qué iba a decir? Se incorporó un poco sobre sí mismo, mirándole con socarronería y provocación. Siempre usaba con él la misma táctica para enmascarar la verdad en sus palabras- … Lo cierto es que te echaba de menos. Hubiese dormido fuera de esta habitación... si fueses tú mi acompañante.

Los ojos azules de Masato se abrieron como platos, cargándose de ira conforme se clavaban en su compañero de habitación.
-Imbécil… ¿Alguna vez te funciona eso con una chica? -estiró las palabras dejando un silencio cargado de resentimiento  entre medias- … Me resultas despreciable, Jinguji. Todo tú.

El rostro de Ren no se inmutó pero lo cierto era que se habían clavado esas palabras como dardos en su pecho. Sintió cómo algo se rompía en su interior y la voz de Masato repetía esa frase en su cabeza, una y otra vez. Ladeó el rostro y forzó una sonrisa burlona. Que buen actor podía llegar a ser.
-Hace falta más que eso para desarmarme. Me conoces de sobra, Hijirikawa.

Fingir era lo único que le quedaba. Aferró los dardos en su mano y comenzó a tirarlos contra la diana, como si no hubiese pasado nada.

Me conociste mejor que yo mismo y sin embargo, ya no somos lo que éramos. ¿Desarmarme? No queda nada de mi que desarmar. Ya no sé quién soy.

And you were strong and I was not,
my ilussion, my mistake,
I was careless… I forgot, I did.

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Ireth Minllatur - Karla M. Carlotti Blázquez

Hilandera de historias. No busco colgarme el mérito de escritora, sólo quiero crear personajes, mover sus vidas y que los lectores los amen, sufran, rían con ellos de la misma forma que lo hago yo. Quiero crear mundos, sortear aventuras... Deseo que la magia y la imaginación sigan latentes.

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